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Los 10 mandamientos de los amantes del queso

¿Tú también piensas que la vida, con queso, sabe mejor? ¿Te parece que cualquier momento es bueno para comer queso? ¿Es la Cuatro Quesos tu pizza favorita? ¿Cuando llega la hora de pedir el postre, sueles decantarte por la Cheesecake? ¿No concibes unos macarrones que no lleven queso? ¡Basta! Si nos estás leyendo es porque, probablemente, hayas respondido que sí a todas las preguntas y, a estas alturas, puedes tener súper claro que eres un auténtico #Cheeselover. El pequeño Ratatouille, a tu lado, es un mero aficionado porque la verdad verdadera es que, para ti, este derivado lácteo es una religión y, como buen feligrés, necesitas tus 10 mandamientos a los que rendir culto. Diez mandamientos que te encantará descubrir y que te enumeramos a continuación ¿vamos a ello?

1. Amarás el queso como a ti mismo.

A nosotros también nos pasa. Cuando decimos que cocinamos con queso, va mucho más allá que el hecho de incorporarlo a casi todas nuestras recetas. Nos servimos una copa de vino y nunca falta un plato con queso sobre la encimera porque disfrutamos de lo lindo, picoteando mientras preparamos lo que sea que vayamos a comer y que, por supuesto, lleva queso. En tu lista de la compra nunca falta el queso. Lo tratas con respeto, lo conservas como es debido, sabes cortarlo como un auténtico profesional. En definitiva, lo tuyo por el queso es AMOR VERDADERO.

2. No refrigerarás el queso sin cubrir.

Jamás se te ocurriría meter un trozo de queso en tu nevera sin antes envolverlo lo mejor posible y sabes que, para ello, el típico plástico o papel film no es la mejor de las opciones. Los quesos, como las personas, los animales y las plantas, necesitan respirar, y con ese tipo de envoltorios, resulta imposible. Si no quieres que se sequen y acaben perdiendo toda su humedad, lo ideal es conservarlos en un material poroso, que puede ser papel especial para quesos, papel pergamino o cualquier otro tipo de material que deje pasar el aire de forma notable.

3. Añadirás una dosis extra de queso a todas tus comidas.

Solo hay una forma de mejorar una receta que lleve queso: ¡poner más queso!

4. Nunca habrá un momento inoportuno para comer queso.

En tu tostada del desayuno, en el sandwich de media mañana, en tus ensaladas favoritas, en cualquier salsa, fundido sobre una carne, en unas verduras gratinadas, a modo de postre, en el aperitivo, solo o acompañado. El queso siempre sienta bien y hay tantos tipos y variedades que es imposible aburrirse de comerlo. Los #Cheeselovers somos como ratoncillos y cualquier hora del día nos parece perfecta para disfrutar de nuestro ingrediente favorito.

5. Sacarás el queso de la nevera un rato antes de consumirlo.

Todos los quesos deberían servirse a temperatura ambiente; al menos, si queremos disfrutar al máximo del mejor de sus aromas, de su auténtico sabor con todos sus matices y de su textura más óptima. Hay quien tiene la costumbre de sacarlos del frigorífico justo en el momento en que se van a consumir pero, un #Cheeselover de los buenos nunca lo haría. Si se trata de quesos madurados, lo mejor es darles una hora de reposo; y los quesos frescos tan solo necesitan la mitad del tiempo. Si están demasiado fríos, parecerán cubos de queso duro, lo que obviamente sería un desperdicio.

6. Nunca dirás que algo tiene demasiado queso

Y, en cuanto experimentes, por primera vez, la tradición francesa de tomar el queso en el postre, habrá un antes y un después en tu vida quesera. Tomar un aperitivo de queso antes de comer es una delicia, pero una tabla de quesos con unas mermeladas y unos frutos secos en el momento del postre es ya un paso más ¡Bienvenido al Nivel Experto!

7. Rechazarás los sucedáneos del queso.

Los simples aficionados piensan que el queso en lonchas para fundir es queso. ¡No tienen ni idea! No se fijan en las etiquetas porque, si lo hicieran, verían que este tipo de «queso’ se elabora a partir de lácteos fermentados y lleva gran cantidad de sal, aditivos y colorantes por lo que, eso de llamarse «queso» es bastante relativo. Lo mismo pasa con el queso rallado. La mayoría de las marcas comercializan un producto lácteo con grasas vegetales (más económicas que la grasa láctea) y, en ocasiones, podemos encontrar entre sus ingredientes cosas tan rocambolescas como la «pulpa de madera». De hecho, una empresa americana fue multada por incluir esta sustancia en algo que además, se atrevió a llamar «queso rallado».

8. No comprarás queso rallado.

Lo mejor es comprar el queso que quieras y rallarlo tú mismo. Estarás tomando queso de verdad y no algo que dicen que es queso y que, como acabamos de ver, es más que lícito tener serias dudas al respecto.

9. Todo queso es poco.

Nunca habrá suficientes tipos de queso en tu nevera.

10. No desperdiciarás ni una migaja de queso.

Con las sobras de una tabla de queso puedes elaborar mil recetas deliciosas. Desde una tarta de queso a una salsa deliciosa. ¡El queso no se tira!

Ahora que ya sabes cuáles son los diez mandamientos del auténtico cheeselover, ¿qué tal si lo celebramos con una copita de vino y una tabla de quesos de cabra?

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